
La respuesta corta es sí, con matices: si tu asiento tiene cinturón de seguridad instalado, la normativa de tráfico obliga a usarlo, igual que en un coche. La diferencia con un turismo está en los detalles.
En autocares y autobuses con asientos equipados con cinturón, cada pasajero sentado debe abrochárselo durante la marcha, salvo excepciones puntuales (por ejemplo, levantarse un momento dentro del vehículo). El conductor tiene que informar a los pasajeros de esta obligación antes de iniciar el viaje, algo que las empresas de autobuses y autocares suelen resolver con un cartel visible o un aviso al arrancar.
En servicios urbanos y de cercanías donde está permitido viajar de pie (la típica línea de autobús de ciudad), la situación es distinta: esos vehículos no suelen llevar cinturón en todas las plazas y la propia normativa contempla que se pueda viajar así, agarrado a las asas o barras previstas para ello. La obligación del cinturón aplica sobre todo a autocares de largo recorrido, excursiones y transporte discrecional, donde todos los pasajeros van sentados.
Los autocares no suelen llevar sillitas infantiles homologadas como las de un coche, así que en la práctica un niño que va sentado usa el cinturón del propio asiento, ajustado lo mejor posible a su tamaño. Si el cinturón le queda muy holgado sobre el cuello o el abdomen, es preferible avisar al conductor o acomodador antes que dejarlo mal ajustado, porque un cinturón puesto de forma incorrecta puede llegar a ser más peligroso en un frenazo que no llevarlo.
No abrocharse el cinturón cuando el asiento lo tiene disponible es una infracción de tráfico, igual que en un coche, y puede conllevar sanción para el pasajero que viaje sin él. Más allá de la multa, lo que de verdad está en juego es la seguridad: en caso de accidente, la responsabilidad de haber avisado recae en el conductor y la empresa, pero la de llevarlo puesto, en cada pasajero.
En un accidente o una frenada brusca, un pasajero sin cinturón en un autocar de carretera puede salir despedido con mucha más fuerza que en ciudad, precisamente por la velocidad a la que se circula en autovía. Es la razón por la que, aunque nadie te lo recuerde durante el trayecto, merece la pena abrochárselo por costumbre, especialmente si el viaje es para un autobús para bodas o cualquier otro evento con niños o personas mayores en el grupo. En un vehículo grande, el instinto de sentirse "más seguro" que en un coche pequeño lleva a mucha gente a relajarse con el cinturón, pero la física del impacto no cambia por el tamaño del vehículo.
Si al sentarte ves que el cinturón está roto, atascado o directamente no existe en tu plaza, avisa al conductor antes de que arranque el autocar. No es raro que en vehículos con más uso algún cinturón necesite revisión, y es mejor solucionarlo en la parada que a mitad de trayecto.
Aunque la norma exige llevarlo si el asiento lo tiene, no todos los vehículos están equipados igual: algunos autocares más antiguos, sobre todo los destinados originalmente a trayectos cortos, pueden no tener cinturón en ninguna plaza. Si vas a fletar un autocar para tu grupo y la seguridad es una prioridad (por ejemplo, con niños pequeños), pregunta directamente por la antigüedad de la flota y si todas las plazas llevan cinturón instalado.
En caso de accidente, que los pasajeros llevaran o no el cinturón puesto puede ser relevante a la hora de valorar responsabilidades y coberturas del seguro del vehículo. Es otro motivo, más allá de la propia seguridad física, para no verlo como un trámite opcional aunque nadie te lo recuerde durante el trayecto.